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 Narya, la búsqueda de un destino

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Dracarys



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Fecha de inscripción : 31/08/2017

MensajeTema: Narya, la búsqueda de un destino   Dom Sep 24, 2017 2:54 pm

*Prólogo*
 
Sentado frente a un viejo escritorio pasaba páginas de un antiguo libro apresuradamente, la estancia estaba tenuemente iluminada por la luz de una vela, sin embargo se iluminaba completamente con los destellos de la tormenta que empezaba a formarse fuera.
 
- "Tengo que darme prisa.. alguien podría encontrarlo". *murmuró para sí el hechicero*
 

Pasaba el dedo por las hojas leyendo rápidamente, hasta que dos toquecitos en una de ellas indicaron que había encontrado lo que llevaba tiempo buscando. No se lo pensó dos veces y arrancó la hoja ocultándola entre sus ropajes. Cerró el libro y volvió a dejarlo en el lugar de la biblioteca donde tanto tiempo había estado abandonado. Se acercó a la vela y de un leve soplido la apagó mientras un último relámpago iluminó la estancia antes de que el cerrase la puerta.
 
 
- El nacimiento -
 
Varios meses después .... 


Esa noche la gente de la aldea se ocultaba en sus casas, temblaban asustados y muchos rezaban a sus deidades. La luna ancestral que con su blanca luz iluminaba las noches, se había vuelto oscura, su brillante luz plateada había pasado a ser de un intenso color rojo sangre. El miedo, el temor de una maldición de los dioses, hacía que solo los murmullos de los rezos fuera lo único que se escuchara.

No muy lejos, en la vieja mansión de la montaña unos gritos de mujer rasgaban el silencio de la noche. En una de las habitaciones una vieja matrona se afanaba en prestar sus cuidados a la joven elfa. Un hombre, apoyado en una de las esquinas de la habitación contemplaba la escena, su respiración era agitada y su vista pasaba de la mujer que yacía en la cama a la ventana iluminada por el halo rojizo de la luna.
 
- Lord Rahendor, ya viene - dijo la matrona.

El hombre desvió la vista hacia la mujer abandonando su posición y se acercó hasta el borde de la cama. La mujer alzo una mano y con las pocas fuerzas que tenía agarró la de él, mirándole a los ojos, sin embargo él no la miraba, ni siquiera apretaba su mano, su vista se dirigía hacia la matrona.
 

Un último empujón y un llanto leve que se fue intensificando inundó la estancia. Rahendor miro al bebé que la matrona sostenía entre sus brazos.
 
Por fin ha nacido, es una hermosa niña - la matrona sonreía sosteniéndola entre sus brazos.
 
Se dirigió con la pequeña hacia la cuna que había dispuesto en la habitación cuando Nym que yacía en la cama exhaló un nuevo grito de dolor....
 
Rahendor la miraba extrañado (¿Una sólo?... )
 
- No! - comenzó a gritar la elfa de nuevo llorando
 
Rahendor se volvió y miró a la matrona gritándola
 
- ¿Qué haces ahí parada, Jen? Atiéndela vamos! - Ordenó a la matrona.
 
La matrona asustada se acercó a la mujer y con gesto de sorpresa susurró:
 
- No puede ser .. viene otro bebé.
 
Miró a Rahendor y alzando la voz dijo
 
- Es otro bebé, ya asoma la cabeza, va a nacer ya ... pero no puede ser, la profecía decía que bajo el signo sólo nacería una niña y .. y ...
 
Interrumpió sus palabras cuando Nym dio un nuevo grito. Jen alzo sus manos ayudando a que la segunda niña naciera, la sujetó en sus brazos mirándola con cierto temor y susurrando:
 
- No puede ser... no puede ser.....
 
Rahendor se acercó a ella y cogió a la niña entre sus brazos.
 
- Ve a por paños limpios y agua caliente y no te entretengas.
 
Jen, temerosa bajó la cabeza y salió de la habitación. Con el bebé aún entre los brazos, Rahendor se acercó a la puerta de la habitación y alzó la voz
 
Jon, acércate, rápido.
 
Un hombre joven con aspecto de guardia se acercó hasta él, entró a la habitación mirando con asombro la cuna ocupada por la primera niña y la segunda en brazos de su maestro.
 
- Lord Rahendor, al final han sido dos, como la profecía decía.
 
- Si - dijo mirando a la segunda niña -  sólo espero que esa estúpida no abra la boca, tenemos que pensar algo para sacar a una de las niñas, ya sabes que la profecía que todos conocen hablaba de una sola guardiana del portal. Nadie conoce la otra profecía dada por nuestro señor donde se habla de dos guardianas que serán entregadas.
 
Caminó hacia él y mirándole, susurró:
 
- Si se enterasen de que son dos Jon, acabarán con una de ellas, sólo puede haber una guardiana
 
Jon asintió despacio.
 
- Mañana por la mañana la sacaré de la fortaleza, no os preocupéis.
 
Un murmullo de voces empezó a oírse por la ventana, iba creciendo y haciéndose más fuerte. Rahendor alzó la vista hacia Jon que se había acercado hasta la ventana, a continuación la puerta se abrió entrando Jen con trapos limpios y agua para asear a la mujer que se había desmayado en la cama tras el parto.
 
El movimiento fuera era cada vez más intenso. Dejó la niña en brazos de Jon y se acerco a la matrona.
 
- ¿A quién se lo has dicho? - agarrándola fuerte del brazo
 
- A nadie Lord Rahendor - Bajó la mirada hacia las sabanas ensangrentadas. 
- No me mientas, ¿A quién se lo has dicho, Jen? - Tiró de su brazo con fuerza.
 
La mujer titubeó:
 
- Señor, el archimago Zearlen esperaba el nacimiento, el vino hacia mí y preguntó si ya había nacido, no pude mentirle señor, a él no, tuve que decirle que habían nacido dos niñas.

- Maldita seas, ahora vendrán por una de ellas - la empujó con fuerza haciendo que cayera al suelo.
 

Empezó a dar vueltas por la habitación nervioso, intentando pensar que opciones tendría, cuando aproximándose a la ventana pudo ver como por el patio cruzaba el archimago  Zearlen seguido de varios de sus guardias en dirección a la habitación.
 
- Jon, no hay tiempo, coge a la pequeña y ve con ella a la casa abandonada del bosque, me reuniré con vosotros en cuanto pueda.
 
Caminó hacia uno de los extremos de la habitación, alzó su mano hacia el soporte de la antorcha que iluminaba el cuarto y tirando de él hacia abajo una parte de la pared se abrió a un lado de la habitación, dando paso a un oscuro pasillo. Jon cogió uno de los paños limpios que había traído la matrona, envolvió a la pequeña y sacando su espada pronunció unas palabras que hicieron que la hoja se iluminase con llamas propias, entró al pasadizo y poco a poco fue perdiéndose en su interior.

 
Rahendor, tiró nuevamente del soporte cerrando el pasadizo a sus espaldas. Se dirigió a la matrona que lloraba tendida en el suelo, extendió su mano hacia ella y pronunciando varias palabras en el antiguo idioma hizo que la figura se envolviese en una niebla negra, segundos después a sus pies, un bebé lloraba desesperadamente. La cogió entre sus brazos y la tapó con uno de los paños, en ese instante la puerta se abrió frente a él, entrando Zearlen con gesto iracundo.
 
- Rahendor, debes entregármela y lo sabes, la profecía es clara, sólo debe haber una guardiana del portal.
 
- Pero Lord Zearlen, quizás las dos hayan sido elegidas.
 
- No! Sabes que si unen su poder podrán alzarse contra nosotros, si una de ellas abandona el recto camino y sucumbe a la oscuridad no podremos cumplir la profecía, no podremos evitarla - alzó la voz haciendo que algunos de sus guardias retrocedieran.
 
Mirándole fijamente, continuó hablando:
 
- La profecía es clara, sólo una será la elegida, solo una nacerá bajo el signo de la luna de sangre, sólo una será la guardiana del portal, sólo una ha sido bendecida con tal don para que podamos impedir su llegada a este plano. Sólo una!
 
Bajó la mirada hacia el bebé que lloraba desconsoladamente y se la tendió al maestre.
 
- Lo entiendo mi señor, os entrego a mi hija para que la sacrifiquéis, que su sangre sirva para cumplir la profecía.
 
Zearlen tomó al bebé entre sus manos y alzando la voz gritó:
 
- Preparadlo todo, el sacrificio será esta noche, este ser impuro bajo la luna de sangre nació y bajo esta luna ha de morir, será la ofrenda a nuestro señor para que la profecía pueda cumplirse.
 
La puerta se cerró y Rahendor suspiró con cierto alivio, el engaño había surtido efecto. Se giró hacia la mujer que empezaba a recuperar la consciencia. La voz de Nym apenas audible preguntó por las pequeñas.
 
Cogió a la niña y se acerco a la elfa colocando a la pequeña en sus brazos.
 
 - Ya sabes que una de ellas será sacrificada sólo puede haber una guardiana, - dijo repitiendo la palabras del archimago
 
La mujer rompió a llorar desconsoladamente clamando por la vida de su hija, mientras abrazaba a la pequeña que se había salvado. Poco a poco el cansancio hizo que el silencio fuera apoderándose de la habitación y ambas durmieron.
 
Rahendor la miraba pensativo - (Será mejor que ella también lo crea así, al fin y al cabo nadie podrá saber de su existencia, nadie salvo yo)
 
Los cánticos resonaban por toda la montaña anunciando el comienzo del ritual. Figuras encapuchadas desfilaban con antorchas por el patio en dirección a la pequeña capilla que había junto a la mansión. Apoyado en el marco de la ventana, Rahendor observaba con una sonrisa.
 
De entre sus ropajes sacó una hoja doblada, la fue extendiendo. Se percibía que era bastante antigua, aparecía un texto en la parte superior mientras que en la inferior había varios dibujos parcialmente borrados por el paso del tiempo, lo que sí se distinguía era la ilustración de un cielo iluminado por una luna llena y bajo él dos niñas marcadas bajo el símbolo de su señor.
 
Lo dobló cuidadosamente y con una sonrisa siguió escuchando el ritual en la distancia, Jen, sería el primer sacrificio.............



 
- La misión -

*Sentado en su despacho Rahendor la miraba detenidamente, había pasado mucho tiempo desde que la pequeña Narya había llegado a este mundo y ahora estaba frente a él convertida en una de las arcanas más importantes de la torre, poco a poco su destino se iba cumpliendo pero era hora de prepararla para lo que tendría que venir después.*

 
- Narya, ha llegado el momento, debes comenzar tu viaje de aprendizaje por tu cuenta, para ello te enviaré al continente de Zanundor. Mis informadores me han dicho que en ese lugar se oculta una de las reliquias más antiguas de la torre que esconde un inmenso poder, debes hacerte con ella y traerla de vuelta.
 
- Si padre, ¿pero que busco exactamente? - mirándole fijamente de pie frente a él.
 
- Narya, - dijo con tono severo - Esta misión es la más importante que he confiado a nadie. El archimago Zearlen envió a muchos a recuperar antiguas reliquias mágicas robadas, pero jamás ninguno de sus enviados consiguió recuperar alguna tan poderosa como esta. Confío en ti para que lo hagas, más en esta misión no estarás sola pues Byakko te acompañará.
 
- Si padre, - dijo la elfa con voz queda, en cierto modo agradecía no ir sola a un continente que no conocía, pero el hecho de que su padre no considerase la opción de enviarla sola la hacía sentir que no confiaba en ella.
 
- Cuando llegues a la villa dorada me informarás y sólo entonces te diré que debes buscar, antes de eso sí sufrís cualquier percance, podríamos poner en peligro vuestra vida y la misión. - Remarcó con tono severo.
 
La elfa se dio media vuelta y salió del despacho de su padre. El nunca había sido cariñoso con ella siempre pensó que la culpaba de la muerte de su madre poco tiempo después de que ella naciera. Siempre era a la que más exigía y la que mas castigos había recibido durante su aprendizaje. En cierto modo que la mandase fuera supondría un alivio para ella, Por fin, podría demostrar su valía y su poder.
 
Asique esa misma tarde ambos hechiceros partieron con destino al continente de Zanundor.
 
Por la ventana Rahendor miraba como se alejaban montados en sus caballos. Su semblante habitualmente serio e impasible esbozó una ligera sonrisa, sintiendo la satisfacción de que su plan comenzaba a hacerse realidad.
 
- La llegada -
 
El viaje fue tortuoso, tenían que llegar hasta Zanundor y la única opción era salir del Valle de la Bruma y dirigirse hacia la zona costera para coger un barco hasta Daganoth. Durante el descenso del valle, las frecuentes lluvias de la zona comenzaron a dificultar su camino haciendo que tuvieran que pasar la noche en el bosque. La lluvia caía torrencialmente y ambos hechiceros lograron encontrar refugio en una pequeña cueva, la tormenta se hacía cada vez más fuerte, los rayos iluminaban la zona y los truenos eran cada vez más potentes haciendo que los caballos se asustaran y huyeran desbocados hacia el bosque. Todo intento por detenerlos fue inútil, sólo podían volver a la cueva y refugiarse hasta que la tormenta acabase.


 
Cansados y sin apenas dinero, ambos hechiceros llegaron hasta una pequeña villa costera, rápidamente se encaminaron hacia el puerto, preguntaron a varios patrones de barco pero Daganoth parecía alejarse cada vez más, el dinero que su padre les había dado escaseaba y apenas les llegaba para pagar el pasaje de uno de ellos.

 
Asique aprovechando la feria de la cosecha, la hechicera se hizo con algunos ropajes llamativos de los feriantes y se dedicó a leer la buenaventura de los crédulos habitantes de aquella villa.
- Su cosecha será la mejor en décadas - Decía a la preocupada mujer de un granjero.
 
- No se preocupe. los viajes de su marido son sólo negocios no está con ninguna otra mujer - Decía a una adinerada vendedora de telas, que satisfecha recompensaba las palabras de la hechicera.
 
- Su hijo, claro que será un gran marinero, como su padre - Decía a uno de los patrones de barco que llevaba un bebe entre sus brazos.
 
Y así poco a poco entre los dos fueron reuniendo el dinero necesario para pagar el pasaje a Daganoth, pocos días después ambos embarcaban en un viejo pesquero. La travesía duró varios días y a pesar de las tormentas y de la rotura de una de las velas, pudieron llegar finalmente a su destino.
 
Bajaron del viejo barco y frente a ellos se extendía la ciudad de Daganoth, llena de gente, el puerto estaba lleno de barcos de pesca y los marineros se afanaban en bajar las mercancías. Se adentraron caminando en la ciudad y llegaron a un pequeño mercado donde los mercaderes anunciaban todo tipo de objetos, nobles paseaban entre los puestos y niños correteaban por entre ellos robando algunas manzanas.
 
Se encaminaron a las afueras y vieron una caravana de mercaderes que iba a partir. La guardia les advertía de que últimamente habían llegado noticias de la aparición de algunos bandidos en el camino a Heystad. Los mercaderes preocupados comenzaron a valorar la opción de contratar mercenarios que escoltaran su mercancía. Fue en ese momento cuando Narya les ofreció sus servicios como arcana. Tanto ella como Byakko les ayudarían a proteger sus mercancías a cambio de que los llevaran hasta Heystad. Pocas horas después la caravana partía dirección a la villa dorada. El camino estaba siendo tranquilo cuando un grupo de bandidos cortó el camino apuntando con arcos a los mercaderes.


- Si no pagáis 1000 monedas de oro por cada carruaje no podréis pasar - Decía el bandido que parecía el líder de aquel grupo.
 
- Pero señor, no tenemos tanto dinero - Replicaba el mercader.
 
- Pues entonces mis hombres registrarán los carros y se quedaran con la mercancía. - Sonreía mientras veía como la cara del mercader palidecía ante sus palabras. Si perdían toda la mercancía sería su fin.
 
- En ese momento un rugido se oyó tras los bandidos y una pantera negra saltó sobre uno de los arqueros rasgándole el cuello con sus garras. Bajando de uno de los carros una elfa, de cabellos negros comenzó a caminar acercándose a los bandidos y pronunciando una especie de oración en algún idioma ininteligible para ellos. De su mano comenzaron a salir llamas. Los bandidos comenzaron a retroceder . En ese momento Byakko descendiendo de otro de los carros comenzó a trazar sus sellos mágicos haciendo que los bandidos sufrieran el impacto de los rayos que brotaban de sus manos. Los más afortunados consiguieron huir hacia los bosques, los que se mantenían frente a los carros sintieron como la llama que la elfa tenía en su mano impactaba directamente contra ellos dejándolos malheridos en el suelo.

Algunos cayeron en ese momento, otros arrastrándose fueron huyendo.
 

El mercader aplaudía a los dos hechiceros.
 
- Jamás imaginé que saliéramos de esta, gracias a vosotros podremos llegar a Heystad. ¿Estáis interesados en veniros de viaje con nosotros por Zanundor? Podría pagaros por vuestros servicios.
 
- No, no, gracias, mi señor, - dijo Narya con amabilidad. - Pero nuestro viaje termina en Heystad, quizás más adelante nuestros caminos vuelvan a unirse. - Dijo subiéndose de nuevo a uno de los carros junto a Byakko y emprendiendo el camino hacia la villa dorada.

... Continuará ... 
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