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 Daichi Rand

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felpaman



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Fecha de inscripción : 18/09/2017

MensajeTema: Daichi Rand   Lun Sep 18, 2017 1:30 am



He entrenado para que no me venza, pero hasta que no digan mi nombre y entre al pozo de lucha será el rival más terrorífico al que me enfrente. Estoy aterrado. Podría morirme de miedo. Tengo miedo de todo. Miedo a hacerme daño. Miedo de que me mate. Por encima de todo, miedo a perder.
El miedo es algo que me ha acompañado desde siempre, y el maestro Kenshiro lo supo desde el primer momento en que me vio. No se preguntó cómo un niño occidenta había acabado llegando a su escarpado templo del puño y el acero, ni qué me motivaba a haber llegado hasta allí. Me preguntó si tenía miedo.


Pues claro que lo tengo. Tantísimo miedo, de tantísimas cosas. Pero él me enseñó que el miedo es algo más común que el habla, que nos une más que la sangre incluso, y que lo tenemos todos. Que sólo tenemos que dominarnos a nosotros para poder dominar a los demás. 
Suena mi nombre y me encamino hacia el pozo. La gente brama, me anima, me escupe, me ama, me odia. Yo busco a mi oponente. Un tipo alto no, enorme; me saca 3 cabezas. Piel pálida, ojos y pelaje claros, tatuajes azulados, e infinidad de cicatrices: Mercenario del Norte. Mientras se llevan el cuerpo del anterior luchador y arrojan arena sobre la sangre desparramada por el suelo, el tipo me clava la mirada. No aparto los ojos de mi oponente. No aparto los ojos de mi oponente. No aparto los ojos de mi oponente.
-Eh ¡EH! ¡¿La puta de tu madre se folló a una mierda para que tuvieras esa jeta, despojo caramierda!? ¡He visto cagadas de Yethi con mejor pinta que tú, maricón!


Encuentro la Armonía en el Caos del Miedo, y respondo a sus palabras con la Fuerza y la Pasión de un Tsunami. Surjo desde más abajo, pero me alzaré y destruiré la más alta montaña.
- Si ladras como una perra, te montaré como una perra ¡Soy impetuoso, soy feroz, y mi defensa impenetrable! ¡Me voy a comer tu corazón! ¡Y cuando me esté follando a tus zorras rubitas ante tus ojos, llorarás de envidia por querer ocupar su lugar! 


Ríe sonoramente, pero él desvía la mirada primero. Ya está herido. Me intentará destrozar en los primeros segundos para destruir ese miedo, pero sobreviviré. Y él va a ser mío.
Empieza la pelea y se lanza sobre mí como una avalancha, incapaz de esperar para ponerme las manos encima. Lanza un manotazo. Yo muevo la cabeza, lo hago fallar, y lo contragolpeo. Cuando intenta respirar lo abrumo con golpes, cuando se lanza sobre mí yo ya no estoy allí, y cuando me quedo a su alcance, no consigue conectar. Su espíritu está quebrado conforme brama con ira, intentando empequeñecerme con la fuerza de sus gritos; pero sé distinguir el miedo, porque lo conozco como nadie. Su sangre empieza a salpicarme a mí y al suelo con cada nuevo estallido de mis nudillos contra su cara y su cuerpo. Agrieto costillas, parto pómulos, desinflo sus pulmones y prácticamente estrujo su hígado y sus riñones. Quiere seguir gritando, pero su cuerpo no le deja, y entonces cae en la cuenta de que está perdido.
Me mira con miedo, con sus grandes ojos azules brillando con un fulgor que sólo da el más profundo pavor: la conciencia de que va a morir ahí, a mis manos. Me inclino y adentro en la maraña de sus brazos, que intentan protegerlo, para estamparlo contra la pared y seguir castigándolo. Quiebro costillas, rompo la nariz, fracturo la mandíbula, reviento la hinchazón de los ojos y me pringo aún más de salada sangre que se mezcla con el graso sudor que me empapa. Ahora mismo soy un ciclón, soy el poder de la naturaleza hecho carne, y ahí encuentro la Paz. El Círculo Perfecto del Maestro Kenshiro. A través del Miedo encuentro la Fuerza, a través de la Fuerza gano Poder, a través del Poder alcanzo la Victoria, y gracias a esta, mis cadenas están rotas. Soy Libre para disfrutar de la Paz.
Reculo y lo dejo desplomarse de costado contra el suelo. Lloriquea, y gime por piedad. Pero la piedad es algo que inventaron los Malvados Débiles para aprovecharse de los Bondadosos y Fuertes. Yo no conozco la Piedad, pero conozco la Compasión.
Alzo los brazos hacia el público y me bañan con aplausos y monedas. “Suficientes”, pienso, para poder pagar el viaje a Heystad, donde me espera un nuevo comienzo. Demasiado jóven para compañarles era cuando el Monasterio fue arrasado, pero ya he crecido. 
Pero mi Paz desaparece cuando recuerdo cuánto añoro al Maestro Kenshiro, y recuerdo su muerte. Y conforme mis nudillos son conscientes del dolor que les espera en los días venideros vuelvo a sentir miedo. Sólo espero a poder renovar el ciclo, y volver a la Paz en Heystad.
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Daichi Rand
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