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 Historias de los Miller

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Vergil

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MensajeTema: Historias de los Miller   Sáb Jul 29, 2017 3:59 pm

Nombre: William Miller

Profesión: Caza-tesoros, duelista, buscavidas

Edad: 28 años

Descripción:

William es un hombre de mediana estatura con cabellos largos azabache y una piel pálida que contrasta con la perilla siempre arreglada del mismo color que sus cabellos. En este lienzo resalta unos ojos verdes y una sonrisa un tanto picaresca que siempre ofrece a todo quien se relacione con él.

Posee un cuerpo fibrado que mueve con cierta gracilidad y agilidad. Cuando habla siempre lo hace en un tono bromista llegando a parecer fardón, pero siempre muestra respeto por su interlocutor.

Pese a parecer que cada vez que abre la boca mete la pata, detrás de esta fachada puede llegar a esconder una inteligencia mayor que la media, simplemente no la suele usar a menudo.
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Vergil

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MensajeTema: Re: Historias de los Miller   Sáb Jul 29, 2017 4:02 pm

VETERANOS INTELECTUALES: 

Desde pequeño he venido de una familia de lumbreras cuya inteligencia ha brillado entre la gente más normal. Todo se remonta a mi abuelo. 

Cierto día el en cuartel de Ahystor, mi abuelo se decide jubilar junto con tres generales que ya estaban bien entraditos en años. Se les propuso un cobro de 100.000 monedas de oro por cada metro que midiesen entre 2 partes de sus cuerpos. 

Estas fueron las medidas de cada uno: El primer General decide que el examinador le tome las medidas desde la planta del pie hasta lo alto de la cabeza. Después de medirle, el examinador le atribuyó una cuantía de 183.000 monedas de oro. 

El segundo General decide estirar los brazos hacia los lados, manteniéndolos paralelos al suelo, y pide ser medido desde la punta de los dedos de la mano derecha hasta la punta de los dedos de la mano izquierda. El examinador le midió y le atribuyó una cuantía de 205.000 monedas de oro. 

Cuando llega el turno mi abuelo, para espanto general, pide ser medido de la punta del pene hasta los testículos, a lo que los presentes responden con una sonora carcajada. El examinador intentó disuadirlo durante algunos minutos, pero al ver que mi abuelo estaba firme en sus propósitos, decidió concederle su voluntad, mandándole bajarse los pantalones. Colocó una punta de la cinta métrica en la extremidad del pene y cuando está comenzando a medir, exclama: 

- ¡Pero dónde diablos están los testículos! 

A lo que mi abuelo respondió: 

- En Lanthor, seguramente en la cueva del jodido lobo que me los quito. 

Tras lo cual lo echaron de allí sin pagarle. Si es que la gente ya no valora la inteligencia.
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Vergil

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MensajeTema: Re: Historias de los Miller   Sáb Jul 29, 2017 4:09 pm

LA APUESTA Y EL INFALIBLE SISTEMA: 

Pero mi abuelo no era el único genio de la familia, como él, mi padre era otro caso a parte de toda la humanidad, así que él fue el que construyó el imperio Miller desde la nada haciendo apuestas, porque él tenía lo que no tiene ningún otro jugador… ¡UN SISTEMA! 

De todas sus hazañas solo contaré una por ser de las más emblemáticas y que dieron gran honor a la familia y eso solo cuando él tenía 24 años; era todo un genio. 

Un día, mi padre y nuestro criado fueron a la casa de Piettrello, un rico comerciante, cargados con grandes sacos llenos de mondas de oro. 

Allí, el mayordomo les paró, pero mi padre insistió en ver al dueño pues tenía una oferta que no podría rechazar. Al mucho insistir, el mayordomo les dejó pasar hasta el despacho de Piettrello. 

En la estancia se encontraban el señor Piettrello y su joven hija. La muchacha más preciosa de Ahystor; piel tersa, blanca como la nieve, ojos verdes y una melena dorada que le llegaba a su hermoso culito… (bueno no me desvío). 

La muchacha al ver a los invitados, abandonó la instancia. Y su padre preguntó porque unos pocamonta como los Miller querían hacer negocios con uno de los hombres más rico de Ahystor. 

Mi padre vació los dos sacos de monedas sobre la mesa. 

- Ahí hay 100.000 monedas de oro. 

Piettrello, naturalmente, sentía curiosidad por saber de donde había sacado tanto dinero, y le preguntó: "Señor, me sorprende que lleve tanto dinero encima. ¿De donde lo ha sacado?" 

Mi padre bien orgulloso contestó: "Hago apuestas". 

- ¿Apuestas? - Preguntó Piettrello. - ¿Que tipo de apuestas? 

Mi padre, con la inteligencia que le caracteriza le contestó: "Bueno, por ejemplo: le apuesto a usted estas 100.000 monedas de oro a que los senos de vuestra preciosa hija son cuadrados". 

Piettrello soltó una carcajada y dijo: "Esa es una apuesta estúpida. Usted nunca puede ganar con una apuesta de este tipo." 

Mi padre lo desafió: "Bueno, ¿estaría usted dispuesto a aceptar mi apuesta?" 

Ya sea por orgullo o por dinero fácil, este contestó: 

- ¡Por supuesto! - Respondió Piettrello. - Apuesto 100.000 monedas de oro a que los senos de mi hija no son cuadrados. 

- De acuerdo, pero como hay mucho dinero en juego, ¿puedo venir mañana a las 10 de la mañana con el notario para que haga de testigo? – respondió mi padre. 

- Por supuesto. – contestó Piettrello entre una risa de victoria. 

Aquella noche, Piettrello convenció a su hija para que estuviese presente y que no iba a ser nada del otro mundo, solo que ganaría 100.000 monedas de oro y que podría comprarle cosas bonitas o yo que se que le diría para convencerla. 

A la mañana siguiente, a las 10 en punto, mi padre apareció con el notario de Ahystor en el despacho de Piettrello. Allí se encontraban Piettrello, su hija, mi padre y el notario, nadie más. Se hicieron las oportunas presentaciones y repitió la apuesta: "100.000 monedas de oro a que los senos de esta muchacha son cuadrados". 

Piettrello aceptó de nuevo la apuesta y mi padre le pidió a la muchacha que se quitara la parte superior del vestido para que todos pudiesen ver la verdad. 

La muchacha miró mal a su padre, pero este con unos pocos argumentos, como que solo ellos lo iban a ver y que nadie más lo sabría, la convenció. Esta se quitó la parte de arriba del vestido mostrando sus redondos y preciosos senos. 

Mi padre, no convencido, se acercó y miró sus pechos detenidamente y le pregunto si los podía tocar, pues se jugaba muchísimo dinero y no estaba convencido del todo. A esto tanto la muchacha como su padre saltaron pero mi padre argumentó que o se aseguraba o no iba a pagar tal cantidad de dinero porque estaba seguro de que le habían hecho trampas. 

- Bien, de acuerdo - dijo Piettrello a regañadientes. – 100.000 monedas de oro es mucho dinero y comprendo que quiera estar absolutamente seguro. 

- Gracias - contestó mi padre a la vez que tocaba aquellos maravillosos senos. 

Entonces, Piettrello se dio cuenta de que el notario estaba golpeándose la cabeza contra la pared, por lo que preguntó a mi padre: "¿Que le pasa al notario?" 

A lo que mi padre contestó: "Nada, solo que he apostado con él 300.000 monedas de oro a que hoy, por la mañana, tendría los pechos de la hija del mercader más honorable y rico de Ahystor en mis manos.” 

Gran pensador y filósofo mi padre.
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MensajeTema: Re: Historias de los Miller   Sáb Jul 29, 2017 4:32 pm

El amargo adiós 

Después de criarme entre tales genios de la lógica y de un pensamiento avanzado para su era, cumplí la mayoría de edad y era hora de irme de casa y salir a vivir mi vida. Pero eso me dejaba con el problema de cómo despedirme de mi padre y mi familia sin que vieran como una desgracia mi marcha. Por suerte contaba con el gran intelecto familiar por lo que lo apliqué in situ. 

Todo ocurrió una noche en que mi padre me ordenó acostarme. Pasado un tiempo, entró en mi habitación. Vio la cama deshecha y un papel que descansaba sobre la misma. Caminó lentamente hasta alcanzar al papel pensando en lo peor. Empezó a leerlo: 

Querido padre: 

Para mí es muy difícil decirte todo esto, pero te lo tengo que decir. Te cuento que me estoy yendo de casa con Althalos, mi actual pareja. Estoy enamorado de él, padre. Es muy atractivo, tiene un cuerpo increíble... Además tiene un montón de tatuajes y unos piercings gigantes colgados de sus pezones... me encantan. También me gusta el semental negro que tiene, es un noble rico y puede darme todo lo que le pida... Creo que lo amo, padre. 

Pero además, no es sólo eso... la verdad es que descubrí que realmente no me gustan las mujeres. Lo intenté, pero no las puedo ni ver. Sé que usted no aprueba mi decisión y es por eso que decidí escaparme para vivir esta experiencia con Althalos. Sé que seremos muy felices viviendo aventuras juntos. Queremos viajar por el mundo sin conocer exactamente nuestro próximo destino. 

Pero para que sepas que lo nuestro va en serio, te cuento que Althalos quiere que adoptemos hijos, que formemos una gran familia cuando estemos cansados de aventuras. Me pareció genial, fue todo lo que siempre soñé: tener mi propia familia. Espérame porque algún día volveré y vas a ver que no me arrepentí en lo más mínimo. Te mando un beso grande y dile a madre que la quiero. 

William Miller.
 

Y cuando mi padre ya estaba casi por desmayarse en el suelo de la habitación de su único hijo varón, termina leyendo: 

PD: Padre, no se asuste. Era todo una broma. Me estoy escapando con Emily Scarlet, una clériga. No sabes lo buena que está, además esta solterita y la tengo en el bote. Esta carta fue sólo para mostrarle que hay cosas peores que la idea de que tu hijo abandone su hogar. Besos. William Miller. 

Mi padre no pude evitar derramar una lágrima de orgullo por su hijo. Además mis padres al ver que no volvía por allí pusieron medidas inmediatas… alquilaron mi habitación.
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MensajeTema: Re: Historias de los Miller   Dom Jul 30, 2017 12:51 pm

TERROR EN LA NOCHE 

Os preguntareis como llegué a estos lares. Es una historia misteriosa y llena de intriga, tanta que ni yo mismo se dicha historia. Solo recuerdo alcohol, pelea, desmayo y… despertarme en medio de un bosque y sin Emily a la vista. 

Era una noche muy oscura y muy lluviosa, estaba yo en medio de un solitario camino pidiendo que alguien me llevara, pero no pasaba ningún carro ni ninguna partida de caza ni nada. Me encontraba solo y aturdido. Llovía tan torrencialmente que no se veía nada a más de dos metros de distancia. 

De pronto, lentamente y sin mayores ruidos apareció un carruaje, como si hubiese aparecido de la nada, y se detuvo ante mi. 

Yo me subí sin pensarlo dos veces, abrí la puerta y me subí, y el carruaje se puso lentamente en movimiento por si solo... 

Grande fue mi sorpresa y terror, ya que al mirar hacia donde debería estar el cochero me di cuenta que no había nadie. Mayor fue mi angustia al ver que tampoco había caballo alguno que tirara del carruaje. 

Me encontraba allí con un miedo indescriptible y de pronto abrí la puerta, salté al camino y corrí lo más rápidamente posible hasta encontrar el pueblo más cercano. 

Cuando llegué, aún muy asustado entré en la taberna, El Carnero Feliz, a calmar mis nervios y a relatar lo que me había sucedido. Al cabo de media hora de entrar en calor, secarme, contar mi odisea y tomar unos tragos, entraron dos hombres a la taberna calados hasta los huesos y cansados a más no poder, y al verme uno le comenta al otro: 

- Mira Patrocklos... ahí esta el malnacido que se subió al carruaje mientras nosotros empujábamos.
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MensajeTema: Re: Historias de los Miller   Lun Jul 31, 2017 12:55 pm

QUE NOCHE LA DE ANOCHE 

Este poema relata de forma indescriptible lo que pase la tercera o cuarta noche en esa posada que todos conocemos bien... y dice así:


Tumbado en mi cama, 
con el pensamiento fijo en ti. Con un enorme 
deseo de agarrarte y apretarte 
fuertemente entre mis manos, todavía excitado con 
el recuerdo de la noche anterior. 
En la noche cálida y sofocante, tengo incontenibles 
ganas de agarrarte y 
de decirte todo lo que siento. 

Tu recuerdo me tiene angustiado. Apareciste... 
y desapareciste. Todo sucedió en esa noche y en esta cama. 
Con fricción, te acercaste a mí. Sin mostrar pudor alguno, 
te pegaste a mi desnudo cuerpo. 
Percibiendo mi indiferencia, te acercaste más y más... 
Mordías todo mi cuerpo... 
Sin recatos... Sin escrúpulos... 
Me volviste loco. 

No sabía qué hacer. Por fin... me dormí. 
Hoy, cuando desperté, te busqué desesperadamente. 
En vano. No te encontré. 
Ya no estabas. Te habías ido… 

En toda la sábana, había muestras de lo 
sucedido la noche anterior. 
En mi cuerpo dejaste huellas inolvidables. 
Marcas que tardarán mucho tiempo en 
sanar y que estarán mucho 
tiempo presentes en mí. 

Esta noche me acostaré temprano y te esperaré. 
Cuando llegues... no quiero imaginar lo que va a suceder... 
Me abalanzaré sobre ti con la furia de un tigre 
y rapidez de una cobra. 

Y ya no te irás. 
Ya no podrás escapar de mí. Te apretujaré hasta 
sentir la sangre de tu cuerpo. 

Sólo así podré descansar… 

¡Maldito mosquito de mierda, me las vas a pagar!
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