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 Yukha "El Ultimo Superviviente".

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Isma_7

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MensajeTema: Yukha "El Ultimo Superviviente".   Miér Nov 23, 2016 11:14 pm

Yukha: “El Último Superviviente”
 
Yukha nació en una pequeña aldea de entre 180 y 200 habitantes llamada Kharod situada en la estepa del reino de Ahystor.

   
 
La aldea tenía su propio mercado y negociaban por trueque, siempre apartada de las grandes ciudades del reino no necesitaban más que a sí mismos para subsistir gracias a cada uno de los aldeanos y sus oficios.
Un lugar familiar y apacible donde su mayor preocupación se debía a pequeños asaltos de algunos bandidos de la zona que residían en el valle tras el monte Cid. Asaltos en los que la pequeña aldea siempre acababa mal parada tras los saqueos de aquellos bandidos, las perdidas llegaron a tales debido a que nunca estaban preparados para contrarrestarles los hombres más honorables y valientes de la aldea se reunieron y decidieron crear su propia Guardia, construyendo así un cuartel y sus respectivos barracones de entrenamiento.  
 
Mientras tanto, Yukha crecía en familia, junto a su madre y su padre. Su madre Layra, quien se encargaba de curtir las pieles del ganado y presas cazadas. Su padre Tom, que era el Capitán de la Guardia de Kharod además de ser el herrero. Un hábitat ideal para que un niño humano creciese sin problemas y en completa armonía familiar.
 
Yukha crecía a pasos agigantados, no era un niño muy sociable por aquel entonces, siempre acompañado por su padre Tom, aficionado a la dedicación de su padre siempre andaba por el cuartel, observaba a su padre en cada situación, en cada entrenamiento, tanto era su afán, que en su habitación tenia copiadas a escala cada arma que veía por el cuartel, podía dedicar horas a esculpirlas a madera de roble y ensayar con cada una de ellas los movimientos que su padre le enseñaba.
Durante esa época, la vida allí seguía con normalidad, excepto en los asaltos de los bandidos, con la Guardia de Kharod ya bien formada y preparada, cada ataque era repudiado sin excesivos esfuerzos, pues aquellos bandidos solo parecían una lamentable calaña de abusones.
Los ataques cesaron durante un largo tiempo mientras que Yukha ya avanzaba a la adolescencia.
Durante su adolescencia, a la edad de 16 años, Yukha se había vuelto más desenvuelto y extrovertido, se divertía con sus amigos y experimentaba su curiosidad con las chicas, al contrario que de niño, apenas pisaba su casa y siempre andaba por ahí divirtiéndose, era simpático, agradable, muy social y cariñoso, era feliz, amaba su hogar. Recién se alisto en la Guardia como aprendiz bajo la tutela de su padre el Capitán Tom. Debido a sus cualidades, de las cual gozaba por su pasión desde niño a las armas, pronto se hizo un nombre dentro del cuartel aun siendo el más joven y tardío, su habilidad con las armas no pasó desapercibida, su pasa tiempo favorito era marcharse a explorar las cercanías de la estepa y sus fronteras, aprovechando sus habilidades, siempre le gustaba ponerlas en práctica, más real, lo cual era enfrentarse a trasgos, orcos, gnolls y kobols, como diferentes peligros, en sus aventuras también aprovechaba para descubrir y robar tesoros, aprendió a forzar cerraduras debido a su gran capacidad de inteligencia y destreza, era ágil, era fuerte, era valiente, se convertía en un hombre.
Pronto gozo de popularidad dentro a Kharod, todos lo querían y lo respetaban, todos lo admiraban, todos querían ser su amigo, todos querían estar cerca de él.
Con el paso del tiempo y un exigente entrenamiento, comenzó a ascender en el cuartel, hasta llegar a ser la mano derecha de su padre Tom. Se adueñó de un grupo de 10 de soldados jóvenes, los cuales heredarían el cuartel y el destino de Kharod.
Yukha ya era todo un ídolo de masas a sus 19 años en Kharod, no había nadie que no le conociese a la perfección, si había algún problema todos recurrían a él. A su pronta edad ya gozaba de éxito y prestigios los cual él mismo se había ganado. Su grupo de soldados estaban bien preparados por él, entrenamientos exigentes y misiones en las cual él junto a su grupo mantenían en secreto, no volvieron a haber más ataques, ni asaltos ni saqueos mientras él estuvo al mando. Él era más feliz que nunca y Kharod vivía sus mejores días, todo parecía ser perfecto.
El éxito se le subió a la cabeza, las ganas de poder y su débil experiencia juvenil le jugaban malas pasadas, se volvió impulsivo y algo soberbio. Pensó que la mejor defensa siempre seria tener el mejor ataque y en ello empeño a sus muchachos, entonces comenzó a dedicarse plenamente en destruir cualquier amenaza posible a su amado hogar para así protegerles, atacando a todo lo que él, inocentemente pensaba que era una amenaza, la tomó con cualquier grupo de bandidos y o desertores, él pensó que lo justo era darles una dosis de su propia medicina y durante meses se dedicó en asesinar y saquear a todos los grupos de bandidos que merodeaban por sus tierras sin piedad, volvía a Kharod después de cada expedición, se iban con las manos vacías y siempre volvían cargados de tesoros, ganado, herramientas y materiales extraños, pero los aldeanos nunca sabían el porqué de esos triunfos ni de como los conseguían pues Yukha guardaba esas “Misiones” junto con sus 10 muchachos en secreto.
Yukha se había convertido en un hombre de dos caras, cálido y cariñoso, amante y sobreprotector con los suyos, pero despiadado, desconfiado y frio para cualquiera.  
Yukha era un gran guerrero y amaba todas las armas, nunca se fijó en una predilecta y siempre aprovechaba de que su padre era el mejor herrero de Kharod para tener una extensa colección, solía portar el arma según su estado de ánimo o el lugar donde fuera a enfrentar.
Por el día de su 20 cumpleaños Yukha organizó una fiesta en su honor donde todo Kharod estaba invitado, anochecía en la estepa todo preparado para la gran fiesta, repartidos por mesas donde Yukha se ubicaba en la mesa central, rodeado de sus secuaces y sus más allegados, todo el festín era un lujo a disfrute de la aldea celebrando por todo lo alto la veintena de su prometedor líder cuando el cielo poblado parecía tapar los rayos de luz de la luna, una noche tenue y oscura parecía prepararse.
Parecía que el festival iba decreciendo y algunos de los aldeanos regresaban ya a sus casas cuando una gran luz de fuego se podía ver con facilidad a los pies del Monte Cid, nadie entendió que era aquello, todos quedaron obsoletos y petrificados ante aquella imagen imponente y sin sentido, pues no sabían los que se les vendría encima.  
De repente y sin dudarlo de aquella luz de fuego llovieron flechas incendiadas que caían sobre los hogares y edificios de Kharod comenzando así a cundir el pánico y el caos en la pequeña aldea, después de la “lluvia” aquella luz al pie del Monte Cid comenzaba a avanzar hacia la aldea mientras Yukha comprendía que iban a ser atacados, con un gesto y sin mediar palabra agarro valiente sus espadas y se lanzó a por lo que fuese aquello, acto seguido sus 10 muchachos le acompañaron, a medida que avanzaban abriéndose paso entre el espesor del humo y la oscura noche aquellas luces que resultaban ser antorchas también volaban sobre sus cabezas mientras los gritos del enemigo propiciaban lo que iba a ser un gran encuentro campal sobre la estepa de Ahystor. Tan solo Yukha y sus 10 hombres al ataque mientras el resto de la Guardia de Kharod junto a su padre, unos 30 hombres, defenderían la aldea.
Las mujeres y niños corrían despavoridos y sin control, la Guardia se encargó de enviarlos bajo refugio a las casas que aún no estuvieran ardiendo y repartiéndose así para protegerles, el cuartel y la casa de Layra y Tom fueron los lugares donde más gente pudieron cobijar, desde allí podían escuchar como Yukha y sus valientes hombres peleaban con aquellos seres, gritos de dolor y el impacto de los metales predominaban a los pies del Monte Cid.
En un momento de respiro Yukha se creía victorioso, lo que no sabía era que el enemigo eran viejos conocidos, los tenían estudiados y les duplicaban en número.  
 
Yukha y sus hombres no abarcaban suficiente terreno y una vez miraron atrás, vieron como aquellos enemigos habían alcanzado Kharod donde otra batalla se estaba librando, en ese momento fue cuando Yukha y sus hombres regresaron hacia la aldea, tocó la campana y toda la Guardia junto a Yukha y sus 10 hombres se reagruparon en el centro de la aldea, resguardando desde ese punto al resto de habitantes que seguían con vida.
Aún seguían bajando enemigos por la colina del Monte Cid, Yukha y Tom se pusieron al frente de los suyos y una dura y larga batalla se asentaba. La batalla era incansable, ellos eran mejores, pero tan solo eran unos pocos, mientras batallaban sin descanso Yukha y Tom veían como perdían efectivos, ellos acaban con los enemigos y estos no paraban de llegar, mientras que ellos cada vez eran menos. Yukha vio como caían algunos de sus mejores amigos y acompañantes mientras luchaba para defender su hogar, por momentos lagrimas deslizaban por su rostro, cuando parecía que la lucha terminaba, los hogareños eran demasiados pocos, los bandidos comenzaban a entrar en las viviendas pequeñas y gritos de niños y mujeres sonaban como un puñal directo al corazón, algunos eran asesinados y otros tanto secuestrados como esclavos, ya tan solo quedaba el cuartel y la casa de Yukha; y frente a ella Yukha, Tom y 5 hombres experimentados de la Guardia.
Los bandidos se reagruparon centrándose en el último objetivo, ellos tan solo eran 7 y el enemigo más de un centenar quedaba en pie, antes del segundo asalto, Tom miro a su hijo con resignación y le dijo: “Moriremos con honor por nuestro hogar”. Yukha con los ojos vidriosos e inyectados en sangre le contestó: “Padre yo no creo en las derrotas mientras uno de nosotros siga en pie”. Acto seguido los bandidos de abalanzaron hacia ellos, otro asalto más, uno de los bandidos propicio un severo corte en hombro de Yukha que le hizo doblegarse, en ese momento alzo la vista y vio como un flechazo alcanzaba a su padre por la nuca atravesando así su boca, un grito de rabia imponente de Yukha ante el trágico momento en el que desato su ira, se alzó y comenzó a luchar como nunca antes lo hizo, de forma desmesurada y sin ninguna precaución, fue eliminando bandidos con cada mandoble, mientras los pocos hombres que quedaban fueron cayendo, todos cayeron menos el, los bandidos ya le sobrepasaban y presa del cansancio, Yukha cayó al suelo y vio como los bandidos entraban al cuartel y a su casa.
Incendiando y saqueando todo cuanto podían, con un último aliento lleno de coraje, Yukha empuño su espadón desenvainado de su espada y se alzó del suelo sin razón de darse por vencido, se disponía a entrar al cuartel cuando un fogonazo derrumbo la puerta y el edificio cayó, rápidamente fue hacia a su casa para intentar salvar a su madre, pero por si no podía ser peor, cuando entro por la puerta ya era demasiado tarde, bandidos salían por la puerta robando todas sus pertenencias, y su madre junto a otras mujeres yacían arrodilladas al suelo, Yukha no se lo podía creer, alzó la mirada y vio a un hombre encapuchado que portaba una daga dorada, este siniestro miro a Yukha postrado en la puerta inquieto y sin pensárselo degolló a Layra y sus secuaces hicieron lo propio con las demás mujeres.
Yukha quedo desolado, cayendo de rodillas y puños al tendido mirando a la nada, parecía entrar en un estado de locura, en ese momento dos bandidos se acercaron y le noquearon.
Al cabo de un rato, Yukha despertó desorientado escuchando unas risas malvadas por detrás, al alzar la vista, vio toda su aldea reducida a cenizas, con la mirada perdida y los ojos vidriosos llenos de ira y tristeza se giró hacia las risas, allí se regocijaban 4 jinetes encapuchados.  
Uno de ellos cogió aire y habló:
Jinete Líder: “Esto es lo que ocurre cuando te crees que siempre eres cazador y que nunca serás presa” *Los otros 3 jinetes acompañantes reían a carcajadas mientras veían a Yukha arrodillado*
Yukha totalmente ido contesto: “¿Por qué no me matais?
Jinete Líder: “Tú los has matado a todos ellos con tus actos arrogantes y con tu avaricia, queremos que vivas para que sufras por todo lo que has hecho y has causado a nuestra compañía”
Yukha sin más se levantó como bien puedo y contesto seco y soberbio: “Os matare”
Los jinetes rieron, el líder contesto: “Te esperaremos con los brazos abiertos Yukha” Burlándose y jadeándose de él atizaron a sus caballos y se perdieron entre la oscuridad de la ceniza que llovía en aquel paramo desolado.
Yukha paranoico y exhausto cayó al suelo allí mismo.
Al amanecer Yukha despertó, totalmente desolado se espolso la ceniza que anido en sus ropas y su rostro y echo a caminar sin rumbo, divago durante dos meses por los bosques de Ahystor, alimentándose y sobreviviendo del entorno hasta que un día llegó a un poblado llamado Heystad, no sabía dónde estaba ni que era ese lugar pero la gente que conoció allí despertó algo en él que le invitó a quedarse allí por un tiempo…
 

CONTINUARA..
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