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 Melkior, Espada de Venganza

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Arcadios



Mensajes : 14
Fecha de inscripción : 17/11/2016

MensajeTema: Melkior, Espada de Venganza   Vie Nov 18, 2016 11:44 pm

Una vida no reclamada


Lejos de las grandes poblaciones, muy lejos de las grandes facciones, a los pies de las grandes cumbres nevadas del norte, se encontraba una pequeña aldea de no mas de 20 habitantes. Todos se conocían y se consideraban una gran familia en que los individuos compartían todos los bienes materiales que poseían. Una persona ambiciosa no cabía en ese lugar pues lo mas que uno podía aspirar era formar parte de la milicia popular para defender la aldea de algún que otro ataque de bestias y bandidos. Los parajes circundantes de la aldea eran blancos como la lana y los bosques eran tan espesos que resultaba realmente sencillo perderse. Los aldeanos bien abrigados estaban acostumbrados a las temperaturas frías de aquellos lares, aunque los atuendos eran realmente importantes para sobrevivir el inmenso frío que hacia sucumbir la zona en las épocas gélidas del año

En esos años yo vivía en esa miserable aldea junto con padre, madre y mi hermano. No era mas que un mocoso que no tenia consciencia de nada, a veces me avergüenzo al recordar mi actitud y mi posición como hijo mal criado. Tenia todo lo que alguien como yo podía desear, no conocía los grandes lujos sin embargo me recreaba en lo poco que teníamos como si de una gran fortuna se tratase. Siempre a ojos de padre y madre iba con mi hermano mayor el cual pertenecía a la milicia popular de la pequeña aldea.

No recuerdo con claridad la edad que poseía, sin embargo si recuerdo que en el tiempo libre de mi hermano, este me enseñaba a usar una arma de filo mal equilibrada y torpemente forjada por el herrero de la aldea, evidentemente cuando me tocaba realizar una demostración ante mi hermano resultaba que carecía de la fuerza y destreza necesaria, a veces me hacia rasguños de los cuales mi hermano me sanaba. Irónicamente veía a mi hermano como si fuera para mi un héroe, lo admiraba por su fuerza y destreza y como no de su inteligencia poco común en la aldea. Muchos de los aldeanos tenían envidia sin embargo habían aprendido a respetarle a pesar de que se encontraba en la flor de la juventud.


Podría decirse que yo era feliz en un mundo el cual no conocía la maldad ni el egoísmo, siempre recibiendo la atención de padre y madre, de los otros aldeanos y de mi hermano mayor el cual admiraba de verdad...aunque no por mucho tiempo. Una noche mientras yacía en mi habitación desperté alertado por los gritos de fuera. Algo sucedía pero desconocía el que, rápidamente madre entró y me cogió en brazos, saliendo por la puerta trasera de mi hogar con las ropas innecesarias, a pesar de que era época de otoño el lugar al anochecer era realmente gélido. Madre temblaba por una mezcla de miedo y frío mientras yo preguntaba y lloraba. Mis preguntas no recibían respuesta. Tras unos breves instantes empecé a vislumbrar unas cuantas figuras armadas que iban tras nosotros, mis lágrimas empezaron a derramarse con mas intensidad por la ignorancia y por el temor. Hasta que topemos con mi hermano mayor. Por un momento deje de llorar creyendo que mi alabado hermano nos iba a rescatar de la situación. Que equivocado estaba. Derribó a mi madre conmigo en sus brazos sobre la fría y gélida nieve. No recuerdo las palabras ni los sonidos, solo se que lloraba sin parar. 

Madre en un ultimo intento por protegerme se lanzo sobre mi para cubrirme, sin embargo mi hermano la agarró de su largo cabello de color azabache. Se que hubo un intercambio de palabras, pero no logro discernir entre los gritos ni el clamor que surgía de mi y las palabras que salían de la boca de los presentes. Mi madre agarrada del cabello por mi hermano mientras media docena de hombres totalmente desconocidos observaban con gran pasión la escena. Todos ellos iban armados y estaban sucios de sangre y ceniza. Antes de echar a correr recuerdo como mi hermano elevó el cuerpo de madre y la atravesaba por el cuello, mientras esta dejaba caer unas lagrimas y me lanzaba una mirada triste y repleta de desesperación. Eché a correr, no miré atrás, no quería morir y estaba desesperado por despertar de aquella temible pesadilla, quería despertar pero no era mas que una realidad mas. No paso mucho tiempo hasta que fui alcanzado por la media docena de hombres que observaron como mi hermano asesinaba a mi madre. Uno de ellos estaba rapado y era tuerto, para aquel entonces para mi que no era mas que un mocoso era un hombre de temible apariencia. Me agarró del pelo y me elevó, preparado para ejecutarme como a mi madre. Las imágenes están difusas, recuerdo mi sarta de suplicas y peticiones de clemencia. Era lamentable. El hombre tuerto preparado para efectuar el estoque final fue de repente arrollado por un hombre que estaba totalmente protegido por una pesada armadura. Caí sobre la nieve y reculé hasta encontrar un árbol donde cobijarme del frío y del miedo. Las imágenes son aun confusas, pero claro el suceso, el hombre que había evitado mi ejecución estaba dando muerte a los hombres que pretendían matarme. Cuando todos cayeron el hombre se acercó a mi y sin mediar palabra me acogió entre sus brazos, era un total desconocido para mi, sin embargo no tenia ni las fuerzas ni la disposición para negarme. Solo recuerdo haberme dormido y despertar en una habitación con un cálido fuego frente mi cama.

A un lado se encontraba el hombre que había salvado mi vida, había esperado a que despertase. Se quitó el yelmo y vi con claridad su aspecto. Era un hombre de avanzada edad sin embargo era fuerte y ancho de hombros, tenia el pelo blanco como la nieve y en su cara se encontraba una ligera sonrisa ante la cual no supe como reaccionar. En el vislumbré bondad y buena fe, se trataba de un sacerdote de combate, un clérigo. En un instinto vano de conocer los sucesos de la noche anterior inunde al sacerdote de preguntas que quedaron sin respuesta por el momento, tan solo me puso su mano en mi hombro y me preguntó:



-Muchacho cual es tu nombre?


Última edición por Arcadios el Dom Nov 20, 2016 1:12 pm, editado 1 vez
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Arcadios



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MensajeTema: Re: Melkior, Espada de Venganza   Dom Nov 20, 2016 1:05 am

El rechazo del Corazón Sangrante


9 años habían pasado desde aquella noche, una noche oscura y fría, repleta de dolor y sufrimiento. 9 años desde que mi hermano había asesinado, no solo a los aldeanos, si no a nuestra familia. 9 años han pasado desde que Gerlach Demieter me había salvado la vida y me había llevado al monasterio del Corazón sangrante. 

Me había convertido en el aprendiz de Gerlach, destinado a llevar una vida de clerigato junto con el resto de mis hermanos en cuanto pasase la prueba del novicio. Sin embargo, aun estaba embriagado por la gran necesidad de venganza, encontrar y eliminar a mi odiado hermano. No debía ser la actitud de un sacerdote de Azura, mis deseos  no acompañaban mucho al camino que había tomado. Aún así estaba empeñado en seguir los pasos de mi maestro, convertirme en un sacerdote y algún día, quizás, eliminar a mi hermano.

En mis entrenamientos era inflexible, debía llevarlo todo al siguiente nivel, tal punto era así que ha menudo confrontaba con mis compañeros, ellos anhelaban la justicia, mientras que yo quería ser mas fuerte, para poder algún día enfrentarme a mi hermano y darle punto y final a su vida. Mi maestro era consciente de mis sentimientos y deseos por lo cual siempre hablaba conmigo cada día después del adiestramiento. 

-Veo joven que aun sigues demasiado entusiasmado con tu entrenamiento no es así?-me miraba mientras preguntaba con una ligera sonrisa. Me agradaba su forma de ser, no te agobiaba con leyes ni formas, compasivo y tierno, eso era de las cosas que mas admiraba de mi maestro, ademas de su gran destreza como uno de los mas grandes clérigos del monasterio del Corazón sangrante. Mientras que en la mayoría de ocasiones, los demás siempre me miraban con recelo, debido a que era diferente, mi maestro era bondadoso conmigo.

-Tengo un objetivo, ya lo sabes, no puedo quedarme de brazos cruzados y engañarme constantemente diciéndome que todo marcha bien- dije tras soltar un suspiro.

-Melkior...abandona la idea de vengarte, no lograras nada, tan solo un enorme vacío interior que te dañara durante el resto de tu vida, la venganza personal no tiene cabida dentro de este monasterio-me respondió con una mirada triste y repleta de compasión. Yo simplemente aparté la mirada de él

- Sabes que eso es pedirme demasiado, él me lo arre...-dije hastiado, pero Gerlach me interrumpió
-Te lo arrebató todo... te contare una historia...

- Algún vida hipotética?-esta vez fui yo quien le interrumpió con desgana de escuchar algún sermón

- No- respondió Gerlach- Mi historia...-sentenció

Le miré sorprendido y anonadado, los clérigos más viejos del monasterio no tendían a contar sus pasados y menos aun pasados anteriores a su enrolamiento en el monasterio. Creían que las vidas pasadas repleta de errores y pecados no alentaban a los más jóvenes, así que por lo tanto omitían sus historias personales por lo general.

-Mi historia empieza en una aldea de granjeros como cualquier otra, era como tu pero en mi caso era ya un joven ya crecido aunque aun me faltaban años por madurar. Estaba siendo enseñado por el maestro herrero de mi aldea para que algún día yo pudiese montar mi propio establecimiento. Con el tiempo adquirí la suficiente experiencia y empece a ir de aldea en aldea para encontrar algún lugar donde poner algún establecimiento y empezar a trabajar para adquirir aun más experiencia antes de ir a alguna ciudad grande. Encontré una aldea tranquila finalmente donde tenia pensado quedarme, allí quedé enamorado de una joven pueblerina del lugar-le miré extrañado y algo sorprendido pero seguía escuchando el relato- era sumamente hermosa y con el tiempo declaré mis sentimientos por ella y consumimos nuestro amor. Creía que mi vida era perfecta, el negocio empezaba a funcionar y tenia a una persona a mi lado con quien compartirlo todo. Sin embargo un día, todo cambió. Un grupo de de 10 personas armadas asaltaron la aldea, asesinando a toda persona con la que se encontraban, yo ya tenía experiencia con el manejo de la espada pues practicaba todos los días con las mismas espadas que yo mismo forjaba. Aunque luché con todas mis fuerzas no pude evitar la masacre, 2 de esas personas armadas huyeron de la aldea pero habiendo logrado su objetivo, tras el ataque busqué a mi amada, pero no la hallé , creí que la habían raptado. Yo enfurecido les perseguí día tras día, pasaron meses antes de que les encontrara en una cueva . Uno de ellos cargó contra mi pero pude efectuar la estocada de gracia mientras cargaba, tras eso cargué contra el último individuo el cual ni se molesto en defenderse y dejó que yo hendiera mi hierro en su pecho. Cuando cayó violentamente contra la superficie de la cueva mencionó mi nombre con una voz que me resultaba conocida. Mi sangre estaba helada, mi corazón palpitaba a gran velocidad, y lentamente me acerqué al individuo herido de muerte, acerqué mi mano a su yelmo y se lo quité. Cuando vi su rostro , mi mundo, todo cuanto creía, se había derrumbado. Ese individuo era la mujer a la que amaba-tras escuchar estas últimas palabras bajé la cabeza- No fui capaz de soportar el dolor, empecé a ir de taberna en taberna hundiéndome en la borrachera. Hasta que un día la voz de Azura resonó en mi cabeza, ella me dio una esperanza, un propósito en la vida, desde entonces he vivido en su sendero. Sin embargo no hay momento en el que no siento el dolor de la terrible pérdida.- tras terminar el relato me miró con una sonrisa leve. 

No sabía como reaccionar, entendí que aquella venganza que mi maestro llevó acabo, hacía que él también sufriera las consecuencias y eso aun le seguía mortificando aun haber superado el dolor que en aquellos momento le atosigaban

-La venganza tiene un precio, puedes perder años de tu vida, intentando alcanzarla y luego quedarte sin nada...habrás vendido tus sueños y esperanzas para luego no alcanzar tu objetivo, y aunque consiguieras matar a tu hermano, solo te quedaría un vació imposible de llenar. Piénsalo mientras descansas, dentro de poco es tu prueba, y debes estar preparado- Yo simplemente asentí y me fui en silencio, meditativo.

Debía descansar pues de aquí dos días tenia la prueba del noviciado, una prueba donde se decidiría si sería un clérigo o no. La prueba se basaba en entrar en una sala donde tenías que sentarte en el centro rodeado de velas, habría que rezar con fuerza y pedir suplicas a Azura, si las velas después de que se acabase el día aun seguían apagadas significaba que Azura no había cedido sus poderes y fuerzas al novicio, pero si estas se encendían todas en pura armonía significaba que Azura prestaría sus poderes al clérigo siempre que este permaneciese fiel y leal.

Esa noche no pude dormir a causa de los nervios, tan solo faltaba un día, además había estado toda la noche pensando lo que le sucedió a mi maestro. Cuando el sol surgió desde el este empezaron a llamar a nuestras puertas para que acudiésemos al patio. Salí y allí nos encontrábamos todos los novicios y los clérigos y allí se nos iba dando las tareas de los próximos días exceptuando a mi que al día siguiente tendría la prueba. Ese día me tocaba meditar y pensar en mis motivaciones y sucesos que habían emprendido en mi vida. Empecé a dar vueltas por el patio exterior del monasterio observando los alrededores. Aunque era algo diferente, el ambiente era similar al de mi aldea, el monasterio estaba posicionado en la garganta de uno de los montes mas pequeños de las cumbres nevadas, todo el año estaba nevado y hacía frío. 

Durante el día estuve pensando en el relato de mi maestro, y el suceso que tuvo lugar hace 9 años, había entendido las palabras de Gerlach pero, era incapaz de abandonar la idea de la venganza. Fueron largas las horas con sol a mi parecer, en cuanto este se escondió huyendo de la luna fuí a mi habitación. A pesar de todo mi mente estaba repleta de dudas.

Antes de que amaneciera yo debía presentarme ante los 3 ancianos del Corazón Sangrante, me bendijeron con sus rezos y abrieron la puerta de la oscura habitación, olía a cera e incienso. Los ancianos cerraron la puerta tras de mí. Me acerqué al centro y me senté. Junte las palmas de las manos y empecé a rezar a Azura, aunque deseaba ser clérigo, no paraba de venirme a la cabeza aquella noche, y comprendí que jamás sería capaz de abandonar el camino que había emprendido, la venganza.

Las horas pasaron, finalmente el sol se escondió dando por finalizado el día. Los ancianos abrieron la puerta y sin decir nada me dieron la señal que saliera de la habitación. Tras eso me me fui a mi cama, con los sentimientos encontrados, por una parte me aliviaba el no haber sido elegido, por otro lado me inquietaba. Había fracasado en mi entrenamiento como clérigo, pero con esto podía continuar con mi objetivo, mi meta.

Antes de que el sol surgiera por el este mi maestro Gerlach me despertó y me indicó que fuera al santísimo, un lugar prohibido para los novicios donde allí se tomaban las decisiones por parte de los ancianos. Sin dudar me dirigí allí y entre en una habitación sumamente amplia y poco iluminada, pero lo suficiente para ver los 3 ancianos sentados.

-Melkior siéntate por favor-mencionó el anciano de la derecha, nadie conocía los nombres de los 3 ancianos, según los preceptos, indicaban que cuando un clérigo se tornaba anciano este se le imponía un nuevo nombre que nadie podía conocer y se le consideraba santo. Yo por mi parte obedecí la petición del anciano en silencio.

-Como ya sabes no has superado la prueba del novicio, sabes porque?-pregunto el de la izquierda, yo negué levemente ya creyendo que iba a ser expulsado del monasterio y de la orden.

-Porque no fuiste capaz de mantener la paz interior ni en tu mente ni en tu corazón, fallaste uno de los preceptos mas importantes del dogma -mencionó el anciano del centro mientras yo bajaba la cabeza sin saber que sentir exactamente

-Seré expulsado del monasterio, sabios ancianos?-pregunté con voz algo quebradiza y dubitativo, los ancianos se miraron los unos a los otros, ambos parecían que fueran un único ser, como si supieran lo que cada uno iba a decir en cualquier momento.

-Normalmente a los que fracasan la prueba del novicio son positivamente expulsados del monasterio, aunque siempre con honor son enviados y recomendados como soldados o guardias a las ciudades cercanas-mencionó el anciano de la derecha mientras que yo aun cabizbajo empezaba a creer que tendría que preparar mi petate y partir de este lugar para no regresar. Sinceramente no sabía donde ir, aunque quería alcanzar a mi hermano, aún me faltaba mucho por aprender.

-Sin embargo eso no te sucederá a ti joven Melkior-dijo el anciano de la izquierda, me quedé absolutamente perplejo.

-Sería un desperdicio enviarte a una ciudad teniendo tanto trabajo en estas montañas, jamás habíamos visto tal despliegue de talento en un novicio, tienes el nivel de tu maestro Gerlach en el manejo de la espada y ademas eres el miembro que más conocimiento tiene de lo arcano incluyendo la nigromancia entre los novicios y el clerigato de este monasterio- dijo el anciano del centro mientras yo aun estaba con los ojos como platos 

-Enton..entonces cual será mi cometido? Al fin y al cabo todos en este monasterio son novicios, clérigos y monjes-dije con asombro 

-Por eso tu serás el primero entre los tuyos, como bien sabes esta cordillera esta plagada de muertos vivientes y nigromantes, acechando en cada esquina para asesinar y arrebatar vidas, sin olvidar que en este monasterio en la más remota de las cámaras se protege los dos pergaminos que el archimago Tansler que entregó al corazón sangrante para que no cayeran en malas manos antes de que él mismo cayera en la corrupción, dos pergaminos donde se encuentras los conjuros más poderosos dentro de la escuela de la nigromancia, antiguos conjuros olvidados. Una vez dicho esto seras el primer cazador de muertos vivientes de este monasterio-afirmó el anciano de la izquierda, antes de que yo pudiese hablar, el anciano del centro se dispuso a hablar

-No hay más que decir joven Melkior, tu darás caza a los muertos vivientes de estas cordilleras y con el tiempo tu serás el protector de los pergaminos del archimago Tansler, ahora ve con tu maestro que será a partir de ahora quien asigne tus peligrosas misiones-dijo el anciano del centro dando por terminado la conversación

Salí del santísimo y en la cámara principal me encontré con mi maestro donde me dio la enhorabuena y mi primera misión como cazador. Prácticamente empecé a estar más bien fuera del monasterio que dentro a causa de las misiones, no tenía tiempo para descansar. A pesar que mis misiones siempre resultaban ser victoriosas, no paraban de cederme misión tras misión. Cada vez más peligrosas pero mis habilidades iban aumentando y mis conocimientos de lo arcano también, sobre todo en los aspectos nigrománticos. Finalmente llegó la misión más difícil, enfrentarme al propio archimago Tansler, aunque desde su entrega de los pergaminos al monasterio había sucedido muchos años, seguramente había recurrido a la nigromancia para alargar su vida. Según Gerlach se encontraba en una cámara en lo más alto de la cordillera, en las ruinas del antiguo monasterio Seth Ehnialla. Tardé varios días antes de poder llegar en lo más alto de la cumbre, hacía un frío gélido y estremecedor, y si no era poco estaba ya desgastado por el gran esfuerzo de llegar hasta las ruinas.



Me iba adentrando poco a poco, no veía rastro de muerto viviente, ni podía percibir ningún tipo de magia nigromántica. Busqué de cámara en cámara hasta encontrar unas escaleras que bajaban a lo mas profundo de las ruinas. Tuve que encender una antorcha para discernir entre figuras y oscuridad.A  medida que bajaba, el aire arrastraba una voz cruel y malvada, tragué saliva antes de que pudiese vislumbrar el final de las escaleras. Apagué la antorcha pues avisté una luz al fondo del pasillo, fui con sumo cuidado, pero raudo, hasta que pude esconderme tras una esquina y observar. Tan solo había un anciano deforme entre huesos y carne putrefacta sentado en lo que parecía un trono hecho de huesos. 


Supuse que era Tansler, pero seguí observando. No había rastro alguno de muerto viviente, extraño pues normalmente tienen su propio séquito, ni acólitos, ni ayudantes, ni aprendices. Creía que había pasado desapercibido sin embargo en breves momentos el archimago abrió sus ojos y dirigió su mirada hacía el lugar donde me escondía y con un gesto me pidió que me acercase. Desenvainé mi espada y me acerqué con cautela.

-Bienvenido a mi hogar pequeño entrometido, que os trae a mi humilde morada?-dijo con una voz sepulcral, tuve que armarme de valor para no retroceder, sin embargo no podía evitar que mis brazos temblasen entre una mezcla de frío y terror

-He venido a destruirle de una vez por todas archimago Tansler-dije firme aunque el miedo seguía recorriendo mi cuerpo

-Así que has sido tu el que ha eliminado a mis acólitos durante estos meses...llegas demasiado tarde, por desgracia para ti. Muy bien entonces no tiene sentido que alarguemos esta conversación no es así pequeño entrometido? -preguntó con una sonrisa maqueavolica mientras unos trozos de carne se le desgarraba- Regocíjate, porque vas a ver el poder de un mago que ha superado a la propia muerte- rápidamente se alzó y conjuró una gran tromba de de proyectiles mágicos. Sin embargo fui lo suficientemente rápido para esconderme tras una columna antes de que el conjuro pudiese fijar el blanco y dirigirse a mí sin posibilidades de esquivarlo.

Sin embargo el archimago no dejó que aquello le distrajese pues inmediatamente lanzó un horrible marchitamiento y caí por la falta de respiración, mis antiguas heridas se reabrieron y empezaron a emanar una gran cantidad de sangre, mi piel empezó a tornarse blanca y mis músculos se paralizaron

Tansler se acercó a mi riéndose y con dedo me tocó la frente.

-Pronto no seras tan distinto a lo que has venido a destruir pequeño entrometido-y empezó a lanzar carcajadas, notaba como si mi cuerpo dejase de responder, un gran dolor empezó a surgir entre mis costillas y empecé a vomitar como si desease sacar mi hígado por la boca, no era capaz de resistirme, el dolor era muy superior a mi capacidad de aguante. Sin duda el archimago Tansler era mucho más poderoso que yo. Sin embargo no tuvo en cuenta que mi determinación era muy superior a cualquier dolor que pudiese infligirme, así que con un grito de coraje, agarré mi espada que se encontraba a mi lado en el frío suelo de las ruinas, me puse de rodillas y le hundí el afilado acero en su garganta y le rasgué hasta su estómago.

Este cayó de espaldas emanando sangre, con voz quebradiza a punto de que su vida se extinguiese unas leves palabras salieron de su boca antes de que yo quedase inconsciente por sus conjuros:

- Peque...ño entro...metido, cual...es tu nomb...nombre?
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Arcadios



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MensajeTema: Re: Melkior, Espada de Venganza   Vie Nov 25, 2016 5:48 pm

Yo soy Venganza


Recuerdo que tenía mucho frío, estaba helado, no era consciente de lo que me rodeaba, claramente no recordaba lo que había sucedido. Con gran esfuerzo abrí los ojos. Yacía el cadáver frente a mí, el cadáver del archimago Tansler. Arrastrándome por el suelo, llegué hasta el fondo de la cámara de las ruinas y me incorporé levemente. Aunque me cueste admitirlo, sobreviví gracias a la suerte, al destruir al nigromante, el conjuro que efectuó sobre mí fue disipado, aunque no estaba muerto, sí estaba sumamente débil. Inmediatamente tomé una de las pociones que se encontraban en mi petate y la bebí con desesperación. Sentía como si hubiesen arrancado mi esqueleto violentamente agujereando mi piel, por fortuna para mi, no fue así.

Espere horas y horas, descansando, esperando a que recuperase las suficientes fuerzas para regresar al monasterio. Cuando recuperé mis fuerzas, subí por las escaleras de las ruinas llegando así a la cámara principal. Desde allí tomé rumbo hacía el monasterio descendiendo por los caminos estrechos de la cordillera. Tardé un tiempo en regresar, pero llegué en un momento que parecía que iba haber un ataque. Entré por la puerta principal llegando al patio. Los clérigos y los novicios estaban corriendo de arriba y abajo tomando posiciones, armándose con sus armaduras y armas. Al poco tiempo de llegar mientras observaba perplejo la escena, uno de los clérigos me pidió que fuese de inmediato al santísimo. Me dirigí directamente a la gran cámara, allí se encontraban los 3 ancianos.

-Melkior, siéntate- me pidió el anciano del centro, mientras los otros dos ancianos permanecían con rostro preocupado y pensativo, yo tomé asiento.

-Santos ancianos mi misión ha sido un éxito, el archimago Tansler yace muerto en las ruinas de Seth Ehnialla-dije con respeto y con la cabeza gacha 

-Has realizado un buen trabajo joven Melkior, pero lamento que una sombra aun mayor se ha cernido sobre el monasterio del corazón sangrante, un gran ejercito de no muertos junto con una legión de guardias negros se dirigen aquí ahora mismo con intenciones de robar los pergaminos del archimago Tansler-dijo el anciano del centro. Tan solo hablaba él, de mientras yo con los ojos como platos quede asombrado y aun más perplejo. Los guardias negros eran la élite de los nigromantes, aunque estaban bien vivos, habían consagrado sus vidas al mal para obtener un mayor poder, rara vez se ven, incluso un guerrero experimentado puede pasarse una vida sin verlos, pero aquí estaban, dispuestos a entrar por la fuerza al monasterio.

-Y lo peor de todo es que este ejercito esta siendo encabezado por tu maestro Gerlach Demieter- recalcó el anciano de la izquierda aun sin dirigirme la mirada, yo no supe como reaccionar, tan solo protesté

-Eso es imposible sabios ancianos! El maestro Gerlach jamás...-intente decir pero el anciano del centro me interrumpió

-No cuestiones nuestras palabras Melkior! Poco después de que tu marchases al encuentro del archimago, tu maestro desapareció dejando tras de si los cadáveres de dos novicios que lo encontraron conversando con un nigromante a las afueras del monasterio, la única razón que sepamos esto es que uno de nuestros exploradores logró escuchar la conversación y ver lo sucedido, incapaz de salvar a los novicios para poder avisar al Corazón Sangrante- dijo algo alterado el anciano del centro, mientras yo era incapaz de creérmelo, porqué había hecho tal cosa? tenía que haber una razón, sin embargo no encontraba explicación.

-Melkior, comprendemos tus sentimientos hacía Gerlach como tu maestro, y que lo considerabas prácticamente como un padre, pero ahora es nuestro enemigo, la vida de todos los habitantes de este monasterio está en peligro, debes combatirlo junto con todos tus hermanos de fe. -dijo el anciano de la derecha. Incapaz de hablar yo solamente asentí levemente con la cabeza, una mezcla de decepción, incredulidad y tristeza invadían mi mente

-Ahora ve al patio, protege este monasterio junto con los tuyos-mencionó el anciano del centro. Me levanté y me dirigí al patio, no podía dar crédito a lo que mis oídos habían escuchado. Era incapaz de aceptarlo. Aun así me armé de valor y con mi espada subí por las escaleras de las bajos muros de piedra que protegían el monasterio. Aunque este estaba protegido, el muro no era mas alto que unos 4 metros, y las puertas de madera eran sencillas de destruir si el enemigo traía consigo un ariete.


Cogí una ballesta que se encontraba en el armero cercano y lo cargué con el primer virote. Todos mis hermanos se encontraban junto a mí, en lo alto del muro. Pasaron los minutos, el viento arreciaba con su gélida temperatura. Pronto el cielo se torno oscuro, con grandes ganas de llover, aunque no caía gota alguna. Finalmente las campanas tocaron, los cuernos sonaron por toda la montaña, el ejercito de no muertos era ya visible por todos nosotros. El clérigo encargado de la defensa sostenía la mano en alto, dando a entender que esperásemos a que el ejercito de no muertos se acercase un poco más. Cuando el grito del sacerdote sonó, una gran lluvia de virotes surcaron los cielos dando blanco al ejercito de no muertos. Cayeron algunos, pero insuficientes, cuando el ejercito se acercó un poco más, los clérigos empezaron a conjurar grandes oraciones del poder divino de Azura, grandes trombas de luz blanca dieron blanco en el ejercito y vimos claramente que un gran numero de no muertos cayeron.



Los novicios y los que eran incapaces de lanzar conjuros divinos cargamos de nuevo nuestras ballestas y disparamos sin vacilar. Aunque logramos mantener a ralla el ejercito durante unos minutos, los clérigos empezaron a agotarse y no eran ya capaces de lanzar tantos conjuros como antes, y los virotes por si solos no provocaban grandes bajas. Cuando el enemigo se dio cuenta del agotamiento de los sacerdotes, una docena de humanos vestidos de armadura negra se acercaron velozmente con un ariete. Eran los guardias negros. Los no muertos rodeaban a los humanos para que los virotes no hicieran blanco en los portadores del este mismo. De repente un gran estruendo surgió del ejercito enemigo, una docena de arcanos lanzaron sus conjuros contra los ballesteros del muro, yo cuando vi el gran haz de luz, sin dudarlo salté hacía el interior del patio, aunque algunos novicios les dieron tiempo a saltar también, muchos cayeron inertes a causa de los conjuros enemigos.

Dejé la ballesta a un lado y desenvainé mi espada. Me dirigí a la puerta, para poder ayudar a mis hermanos a enfrentarnos a la horda de no muertos una vez que atravesaran las puertas. No pasó mucho tiempo antes de que las puertas cayeran frente el poder del ariete. Tras esto, la gran marea de muerte cargó contra nosotros. Nos defendimos con honor, por mi parte no daba a basto, destruía muertos y más muertos, pero nunca se acababan. Poco a poco veía como cada uno de mis hermanos iban cayendo frente al poder conjunto de los no muertos, los guardias negros y los nigromantes, sin poder hacer nada, sin ser capaz de salvarlos. No pasó mucho tiempo hasta que solamente quedaba yo. Era extraño pero, solo me atacaban los no muertos, los guardias negros y los nigromantes meramente se limitaban observar el combate. Para evitar que me golpeasen por la espalda, reculé hasta encontrar la pared del muro. Tras unos momentos de combate, los muertos dejaron de atacar y permanecieron junto con sus amos. De repente vi como uno de los ancianos se acercaba a mí muy mal herido, finalmente cayendo con sus últimas palabras:

-Melkior, no...no permitas que se...-tosía sin descanso, su voz se iba haciendo más débil- no dejes que se hagan con ...los pergaminos- dijo finalmente hasta que su vida expiró, lagrimas corrieron por mis mejillas, estaba rodeado de muerte, todos mis hermanos habían sido asesinados, mi mirada estaba repleta de desesperación hasta que escuché una voz que me resultaba familiar

-Vaya, vaya, vaya-era Gerlach aplaudiendo

- Maestro...-hice el ademán de acercarme pero Gerlach alzó su mano dándome entender que no me moviera

-Mi mas sentida enhorabuena Melkior, asesinar a Tansler...es toda una proeza, dime, te gusta el ejercito que este me dio?-me preguntó con una sonrisa pícara

-Maestro...por..porqué porque ha hecho todo esto?-pregunté con lagrimas aun en mis mejillas

-Bla bla bla que porqué que si tal...no os cansáis de preguntar todos lo mismo? Lo hice únicamente por un motivo, por poder, un poder mayor que el que puede dar un estúpido dios como Azura-dijo arrogante y mostrando ambos pergaminos del archimago Tansler en sus manos.

-Pero cuando? Siempre me habéis enseñado a vivir de acuerdo con la voluntad de Azura...desde cuando os interesaba más el poder que el sendero de la rectitud?-pregunte ignorante e inocente, no sabía como actuar, la persona que en vida mas amaba como si mi padre se tratase, me había traicionado a mi..y a mis hermanos.

-Veo que necesitas saberlo para recapacitar, bueno que importa que lo sepas, morirás igualmente, así te concederé tu deseo. Es muy simple, recuerdas la historia que te conté no es así? En realidad no fue la voz de Azura la que sonó en mi cabeza, simplemente desee castigar a este mundo de la forma mas cruel posible- abrí los ojos como platos, no podía creerlo, nos había engañado desde siempre.- Sin embargo con el poder que tenía entonces no podía hacer nada, asi que prepare un plan infalible donde el monasterio del Corazón Sangrante sería destruido y yo me hacía con los legendarios pergaminos del archimago Tansler.-me explicaba sonriéndome con un gran gozo de victoria, yo tan solo no podía creérmelo

-Pero porque me salvasteis pues? Porque me entrenasteis para que fuese un clérigo de Azura?-pregunte a la desesperada, deseando con todo mi corazón que todo esto no fuese más que una pesadilla mientras dormía en el frío suelo de las ruinas de Seth Ehnialla. Gerlach suspiro y se dispuso a hablar.

-Pequeño discípulo mio, cuan estúpido puedes llegar a ser, yo fui quien ayudo a tu hermano a masacrar a tu gente.-mis lagrimas cedieron de caer, mi rostro cambio a una furia e ira incontenibles, presionaba mis dientes con fuerza y mis brazos temblaban de la cólera- pretendía destruir tu aldea para tener más cuerpos para levantar, sin embargo un día tu hermano me sorprendió, me disponía a acabar con él cuando antes de que me diese cuenta tenia dos espadas frente mi garganta. Me sorprendió que un mero aldeano fuera tan hábil, pero lo más sorprendente de todo es que cuando le conté lo que deseaba hacer, él quiso participar, quiso ayudar con una única condición, que a ti no te matase, que lo hiciera cuando mi plan se encontrase en el punto mas álgido, y así va ser, no entiendo el porqué propuso esa condición así pero bueno.- encogiéndose de hombros, tras esto agarró su espada- sabes que es esto?-negué furioso reteniendo mi ira-es la espada que los ancianos me regalaron cuando fui nombrado clérigo Azura, jamás entenderé tus deseos de ser sacerdote de una deidad tan vana- se puso a reír y la clavo en el pecho del anciano que yacía muerto delante de él. Antes de que siguiese hablando agarré con fuerza mi espada y cargué contra Gerlach, repleto de furia y odio

-Maldito!!! vas a morir aquí y ahora!!- grité con todas mis fuerzas, sin embargo no eran mas que palabras vanales, para cuando me dí cuenta era ya demasiado tarde. Conjuró rápidamente y sus dedos se convirtieron en dagas afiladas y las clavó en mi pecho violentamente. No tuve las suficiente fuerzas para acabar con él, mis ojos empezaron a cerrarse y caí en en el húmedo y sangriento suelo, a pesar de todo, estaba consciente.

-Tss...que lástima. Tanto talento desperdiciado, bueno que importa. Que triste asesinarte sin saber tu nombre- dijo para sí Gerlach.- Vosotros dos...-señalo a dos guardias negros.- sigue vivo...llevároslo a la colina y matadlo. Su hermano no quería que lo transformase, y aquí simplemente estorba- dijo con cierto desdén.

Los dos guardias negros me cogieron de los brazos, y empezaron a llevarme montaña arriba a rastras. No podía evitarlo, iba a morir ejecutado. Al llegar en un claro del bosque, me tiraron y quedé de rodillas en el la fría nieve. Miré de reojo a los muslos de uno de los guardias negros, tenía varias dagas ademas de un espadón en su espalda. Miré de reojo al otro guardia negro que había desenvainado ya su espadón, se puso tras de mí y se dispuso a hundir su hierro en mi nuca. 

Bajé el cuello hundido, abatido, lo único que había logrado en mi vida era una larga lista de fracasos y traiciones efectuadas contra mí, sin poder evitarlo, que inocente había sido, que débil había sido. Había visto morir a toda la gente que quería sin poder hacer nada, que otra cosa podía hacer si no era compadecerme de mi mismo y maldecir a la propia Azura por no impedir lo que había sucedido? Que otra cosa podía hacer si no era odiar a mi maestro y a mi hermano? Que otra cosa podía hacer si no preguntarme porque no pude evitarlo?

-Patético...-dije desganado y luego solté un largo suspiro

- Unas últimas palabras, "perro faldero" de Azura?- preguntó el guardia negro con el espadón listo para darme muerte

Mi mirada se tornó fría, finalmente algo en mi había cambiado...

- Que significado tiene la existencia de un dios que no puede protegerte? Que significado tiene adorar a un dios, si deja de lado a sus prosélitos a la hora de la verdad?- pregunté incrédulo, retando a Azura, durante años la había servido, no estaba enfadado por no haberme aceptado, estaba encolerizado por no haber protegido a mis hermanos...a mi familia. Como pudo permitir que un enemigo se aposentara en el corazón de sus adoradores?

- Quien sabe...-dijo el guardia negro algo sorprendido- Quizás puedas preguntárselo cuando mueras- dijo finalmente. 

El guardia negro empezó a hacer la estocada final, sin embargo para mi el tiempo pasaba lento, sumamente lento. No podía morir. Aún no. A pesar de todo lo ocurrido, dejé a un lado la venganza para ser servidor de Azura...pero aquello no supuso mas que otra decepción. No podía morir dejando la situación así, no podía permitir que mi hermano y mi maestro salieran indemnes. Quería venganza. Así que rápidamente, y soportando el dolor de mis heridas, agarré una de las dagas que había en el muslo del guardia negro y rápidamente la hendí en el pecho del que pretendía ejecutarme. No lo entendía, a pesar de mis heridas me movía con mas agilidad y velocidad que los guardias negros. Antes de que el compañero del guardia negro herido pudiese desenvainar su pesada arma, rodé sobre la fría nieve y le golpee con todas mis fuerzas en su boca con mi puño. Me dirigí al guardia negro herido, cogí su espadón que se encontraba a su lado mientras él deliraba del dolor. Clavé su propia espada en su corazón, y antes de que el segundo guardia negro pudiese levantarse del suelo, rasgué su pecho con el arma de su compañero, quedando así moribundo. 

- P..Por favor...no me mates, fue...fue una orden de tu maestro...sí! es él quien tiene la culpa...por favor perdóname la vida- suplicó el guardia negro mientras reculaba arrastrándose por la nieve como un perro moribundo

- Compasión...antes yo era compasivo...creía que las personas podían entenderse, a pesar de lo que hizo mi hermano...sí...Gerlach me enseñó eso- dije mientras en mi cabeza recorría todas las imágenes de mi vida, imágenes felices. Con mis padres, con mi hermano, con mis hermanos del monasterio, con mi maestro...Durante ese instante empecé a derramar lágrimas

- Oh gracias...te juro...que no volveré con ellos, te lo juro- dijo el guardia negro feliz por haberse salvado con lágrimas en sus ojos. Sin embargo en mi interior no era consciente del guardia negro. Tan solo podía pensar lo que había significado mi vida...que era, nada. Todos esos momentos felices, no eran mas que un asquerosa falacia, un engaño. Felicidad, amor, tristeza, bondad, misericordia...todas esas emociones no valían nada, solo me habían provocado dolor y decepción. No tenía sentido albergar mas de eso en mi corazón.

- La compasión no tiene cabida para aquellos que no entienden su concepto en su corazón- dije con voz inerte y fría. Al guardia negro, se le desencajó el rostro

- No...! No...! Por favor...! Te lo suplico!!- gritó el guardia negro con un rostro de terror pintado en su cara. Me acerqué sereno y le ejecuté sin piedad, frío, sin remordimientos.

- La compasión no tiene cabida para aquellos que no entienden su concepto en su corazón- dije para mi mismo mientras me alejaba unos pasos atrás del cadáver- Por lo tanto yo tampoco soy merecedor de ella- dije con rostro sombrío, mientras derramaba las últimas lágrimas. Sí, estas serían las últimas para el resto de mi vida

Marché con paso lento, arrastrando los pies hacía el monasterio. Al llegar, el olor a putrefacción indundaba el lugar. Pero no habían cadaveres, no había nada. Sin embargo, en medio de las ruinas de lo que fue una vez un monasterio alegre, lugar para la paz y la bondad, sí, en medio de la sombra de todo aquello, se encontraba la espada que los ancianos habían dado a Gerlach al ascender a clérigo. La cogí de su empuñadura, y apreté con fuerza.

-Gerlach, con esta misma espada yo muerte te daré- dijé con odio.



Cogí lo que podía servirme y empecé a alejarme para siempre  de aquel lugar. A cada paso que daba, un recuerdo venía a mi mente. Sin embargo me juré a mi mismo que estos ya no tendrían razón de existir en mi vida. Si como humano no podía defender a la gente de mi alrededor, si como humano no podía hacer justicia, en ese caso, ser humano ya no era necesario. A partir de ese momento mi única meta en la vida, mi único proposito en este mundo, sería acabar con las personas que odio. Tampoco permitiria que otros sufrieran como yo lo hice, aniquilaria a todo aquel que supusiese una amenaza para los inocentes, sin piedad, sin compasión. Ahora soy una espada, una espada manchada de sangre, una espada forjada y labrada con el único fin de erradicar a mis enemigos. No me desafilaría, no desaparecería, no me quebraría hasta que mi proposito se haya cumplido. Que cual es el nombre de esta espada? Su nombre es:

-Venganza
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MensajeTema: Re: Melkior, Espada de Venganza   

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Melkior, Espada de Venganza
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